Al encuentro con los dioses, Zef se aproxima a un momento crucial en su propia historia. Se inclina ante quienes impávidos demandan como criaturas hambrientas; no quiere estar ahí, pero se le exige transformarse, hacia el encuentro con la penumbra que atormentará a otros mundos. Es la historia de su pueblo, cada tanto cada habitante de esta zona del universo, debe adentrarse dentro de su penumbra, como preámbulo a lo que será su tarea diaria por los siglos de los siglos; camuflarse entre los vivos para iluminar sus imágenes, sus visiones en sueños y ante lo oscuro de sus mentes.
Zef está obligada a devorar las mentes, a encarcelarlas prometiendo liberación. Algo en ella le invita a cambiar este mandato, pero se ve sin fuerzas para enfrentarse a lo abominable, a su propia destrucción.

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