Uno de los peligros con el que nos enfrentamos al basar nuestras decisiones en datos, es la confianza ciega en el supuesto soporte que estos datos pueden darle a nuestras elecciones. De hecho, es una práctica común, recurrir a supuestos resultados científicos como apoyo, sin siquiera preguntarse cómo se obtuvieron estos datos. Por ejemplo, no vale la pena detenernos a discurrir sobre la calidad de los estudios en la venta de productos «naturales» que prometen ser la panacea para cualquier preocupación que hombres o mujeres pudieran tener con su cuerpo, típicamente la promesa para la reducción de peso.
Considero que es sumamente peligroso la confianza ciega en datos en contextos relacionados con la salud de las personas y en los contextos organizacionales. Desde los riesgos de vida hasta la pérdida financiera, por decisiones tomadas basadas en datos obtenidos de manera pseudocientífica, en los que no se cuidan elementos fundamentales de la cadena de inferencias.
Sin importar el cuidado que se tenga en la obtención de los datos, base para las decisiones, resulta imposible afirmar sin lugar a dudas que no hay algún grado de error en el dato obtenido. Si se tiene cuidado en la obtención de los datos, podemos suponer con cierto grado de certeza calculable, que los errores se suceden de manera aleatoria. Mientras mayor cuidado se tenga en la obtención de los datos, más seguridad tendremos en la cadena de inferencias que nos ayuda a decidir.
Por el contrario cuando se toma a la ligera la forma de obtener los datos, podemos suponer que estos errores se darán de manera sistemática en alguna dirección. Esto puede ser claro en aquellos casos en los que los investigadores son financiados por las empresas que están a la espera de esos datos, para sacar al mercado algún producto o servicio, situación que colinda con los principios éticos de la investigación científica. También puede resultar claro cuando una empresa maquilla sus indicadores financieros, con miras a aparentar una mejor salud financiera de la que realmente tiene.
Existen múltiples indicadores estadísticos de los cuales podemos valernos para fundamentar nuestras decisiones con cierto grado de certeza. Resulta crucial recurrir a ellos en lugar de suponer que las decisiones basadas en datos están resguardadas de la incertidumbre.
Dado que toda decisión se refiere a acciones con consecuencias a futuro, a cualquier plazo de interes, es imposible la total seguridad respecto a los resultados, la incertidumbre forma parte de todo proceso de decisión. Podemos estimar cierto nivel de incertidumbre de manera estadística, aunque aún así hay margen para sucesos inconcebibles que pudieran dejar por tierra cualquier calculo previo, por más cuidado que se tenga en la cadena de inferencias.
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