Definir qué medir en cualquier situación es una tarea que puede resultar compleja, sobretodo por la ambigüedad de los entornos en los que es relevante. Sirve como ayuda la especificación de la decisión que se quiere tomar, pues a partir de esto puede detallarse la información necesaria que facilitará dicha toma de decisión.
Una primera tarea en la especificación de qué medir es valorar lo crítico de la decisión a tomar, lo cual tiene mucho que ver con el contexto particular en el que se tomarán las decisiones. En situaciones de diagnóstico de enfermedades, el qué medir requiere de una especificación al mínimo detalle de todos aquellos signos y síntomas que describen a una determinada condición patológica, con el mínimo error posible. En contextos organizacionales las decisiones a tomar son de nivel crítico para la salud financiera de una empresa, por lo que disponer de información de calidad resulta clave para reducir costos y aumentar su productividad, que se traduce en mayor rentabilidad para todos los actores inmersos directa e indirectamente en el proceso de la producción (empleados, directivos, clientes, proveedores).
Existe una relación directa entre por un lado lo crítico de la decisión a tomar y por el otro la cantidad y calidad de la información requerida para decidir. Mientras más crítica sea la decisión a tomar la información deberá ser la más óptima para decidir. Al respecto no siempre es el caso que mayor cantidad de información es mejor, es necesario un punto de equilibrio para que la cantidad de información no interfiera en el proceso de decisión. Para que la información sea óptima, ésta debe ser de calidad en términos de su confiabilidad y validez. Dos propiedades fundamentales de la medida, que permiten darle soporte a la información que es posible extraer a partir del análisis de los datos. La primera propiedad es necesaria para garantizar la estabilidad de los datos desde donde se extrae información con el menor error posible, mientras que la segunda propiedad tiene que ver con la utilidad de los datos para el proceso de decisión.
Para la toma de decisiones con menores implicaciones, podemos ser menos exigentes en la información necesaria para decidir. Por el contrario, frente a demandas de acción cuyas consecuencias son críticas, es necesario disponer oportunamente de cantidades digeribles de datos con calidad, para configurar informaciones claves que ayuden en los procesos de decisión. Al cuidar la forma de obtener los datos, procesarlos y analizarlos se le da valor en el proceso de decisión.
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