
La decapitación es una práctica medieval que podríamos atribuir a extremistas o fanáticos, son parte de las noticias diarias de estos tiempos. En oriente escuchamos noticias aterradoras de decapitaciones de periodistas, de quema de familias acusadas de «brujas» (Acusaciones de brujería del ISIS). Podemos pensar que estas prácticas están ya fuera de nosotros, que son parte de la historia, inspiración para alguna trama de película o novela. Pero, si quiera imaginarnos que están entre nosotros acciones de extremo salvajismo, es pensar que estamos ante la amenaza de la perdida de la civilidad entre nosotros.
Pero, ¿es realmente algo de estos tiempos?, ¿acaso no han estado siempre entre nosotros, prácticas de extrema violencia como las decapitaciones? Hace unos dos años en Mexico se podía leer la noticia de la decapitación de unas viente personas, y por semanas seguían apareciendo cuerpos sin cabezas. Estos actos parecen haber estado asociados a carteles de la droga (Rastreando el continuo aumento de las decapitaciones en México).
En Venezuela, en días recientes, se leía de actos criminales de decapitaciones y desmembramientos. Los familiares de algunas de estas víctimas aún permanecen a la espera de que se esclarezca qué sucedió con las víctimas (Expansión de prácticas criminales).
No parece apropiado el título de este post, al pretender situar las decapitaciones como una práctica estrictamente medieval, e incluso el calificativo de salvaje está lejos de cómo se le veía a las decapitaciones en varias épocas de la historia. Como se suponía que las víctimas no sufrían y que se les daba una muerte rápida, se veía como una práctica más bien noble. Se realizaron diversos esfuerzos para que dicha práctica fuera lo más «limpia» posible, como el invento francés del Dr. Guillotine (La bárbara costumbre de cortar cabezas).
Lejos de estar fuera de lo formal, la decapitación está presente en algunos sistemas de justicia la utilizaban como una pena misericordiosa.
Las decapitaciones también han estado asociadas a rituales y actos religiosos, es parte de la tradición de la civilización mesoamericana, con estudios que relacionan la decapitación con la castración (Estudios de cultura náhuatl).
En la actualidad, descabezar es un forma de dar un mensaje de lo atroz que sería atacar los intereses de grupos armados con fines criminales o religiosos. Es un símbolo de desprecio a lo racional frente a la celebración de dogmas. Ante estos esfuerzos que catalogo de salvajes, es posible que sea cierta el mito de la Hidra de Lerna y por cada decapitación surjan dos que se levanten en favor de prácticas civilizadas. Una coexistencia entra la extrema violencia y los esfuerzos de civilidad, de la cual no seremos ajenos ni ahora ni en el futuro.
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