Atril Digital

Ensayos y revisión de temas psicométricos y metodológicos en psicología


Decisiones: de las deliberaciones en el discurrir del pensamiento

Decisiones

Al tomar decisiones podemos basarnos en aquello que tenemos más presente en nuestra mente. Podemos, por el contrario, mantenernos a la espera de acceder a aquella información necesaria que nos permita optar por algún curso de acción. Hay, por supuesto, otros estados en los cuales podemos encontrarnos a la hora de tomar decisiones, solo quiero señalar estos dos extremos, equiparados entre la impulsividad y la indecisión continua.

Hay ciertos modos de conducirnos ante los cuales no se amerita ese darle vuelta, donde la rapidez en la toma de decisiones es tan automática, que ni nos percatamos que hemos decidido. Piense por ejemplo: cuando camina no se encontrará pensando que pie levantar, salvo que perciba alguna amenaza que requiera prestar cuidado sobre dónde dará su próximo paso; de hecho, si se detiene a pensar cada paso que dará sin necesidad, se encontrará trastabillando y perdiendo el ritmo en su andar. Hay así situaciones que no requieren nuestra atención sostenida, y que de por si resulta contraproducente detenernos a pensar cómo nos conduciremos.

Hay otras situaciones en las que son poco importantes las consecuencias respecto a que resultará mejor a la hora de actuar. Los resultados en la forma de conducirnos son tan irrelevantes en estos casos, que incluso podríamos dejar la decisión en manos de otras personas. Son casos en los que nuestra atención está dirigida a otra situación que resulta más relevante para nosotros en ese momento, por lo que nos es indiferente atender a otras cosas. Cuando queremos compartir con alguna amistad en algún café y en nuestra mente está el conversar algo en particular, podemos considerar de poca importancia el café donde iremos, la mesa en la que nos sentaremos e incluso las recomendaciones que pueda hacernos el personal del lugar. Estar tan absortos en un tema, en una persona, hace que no nos percatemos de pequeños detalles a nuestro alrededor. Esta capacidad para centrarnos nos permite ser productivos en lo que nos proponemos, al dejar de lado las diversas distracciones que puedan estar a frente a nosotros.

En el otro extremo, tenemos aquellas situaciones ante las cuales consideremos que los diferentes cursos de acción pueden ser igualmente buenos o igualmente malos, y encontrarnos en un circulo de reflexión continua sobre la mejor manera de conducirnos. Es un estado de inacción, que dispara nuestra ansiedad y ésta a su vez nos lleva de nuevo a la reflexión sin parar. Nuestros pensamientos se agolpan en nuestra mente, los rumiamos una y otra vez, sin digerir. Son momentos en los que quizá necesitemos de asistencia para destrabarnos. En estos casos, los cursos de acción posibles son igualmente atractivos o por el contrario, igualmente  repudiables. Representa para nosotros una situación conflictiva, puesto que nos es imposible abstraernos de ella, alejarnos de la necesidad de tomar una posición respecto a la manera de conducirnos.

Es posible que para movernos en alguna dirección particular, ante la inacción en la decisión, requiramos de mayor información. De esta manera, la balanza hacia algún curso particular podrá inclinarse disminuyendo el valor de otras alternativas. Las restricciones en los tiempos de respuesta puede limitar esa espera de información, obtenida de forma directa por medio de nuestra búsqueda o de forma indirecta con la ayuda de otros, como cuando tenemos una fecha tope para responder.

La información conseguida respecto a las diversas alternativas de decisión, puede también ser parte del problema, bien por lo escaso o por lo abrumador. Nuestros recursos cognitivos son insuficientes para manejar un gran cúmulo de información, por lo que una mayor cantidad de información sin recursos de ayuda para su elaboración, resulta contraproducente para tomar decisiones.

Los seres humanos somos realmente malos a la hora de considerar las alternativas para tomar decisiones. Aclarando eso de malos, me refiero en concreto a nuestra capacidad para tomar decisiones racionales, en las que optamos por el curso de acción más conveniente con base en la información disponible para el momento. De hecho, aunque Aristóteles caracterizó al ser humano como un ser racional, somos más emocionales. Claro que Aristóteles entiende por racional algo más amplio que el uso del intelecto y a éste le agrega la voluntad, donde podemos incluir aspectos afectivos.

Nuestras emociones conducen mayormente nuestras deliberaciones en los procesos de decisión. Evaluamos los cursos de acción con base en el agrado o desagrado que anticipamos. Esta anticipación es sobre todo por lo inmediato de los resultados posibles, de forma tal que nuestras acciones son más fácilmente controladas por la inmediatez de las consecuencias, que por resultados a más largo plazo. Para ampliar nuestra mirada de las posibles consecuencias, necesitamos hacer un esfuerzo cognitivo, esfuerzo que resulta costoso la mayor parte del tiempo, por lo que preferimos rehuir a esa mirada amplia en el tiempo.

Puede considerarse que no es del todo cierto que todos los seres humanos basan sus decisiones mayormente en sus afectos, hay variaciones individuales y cambios en el desarrollo en la manera de considerar las consecuencias. Lo inmediato de los resultados posibles salta más frecuentemente a la vista en niños y jóvenes, en los que es característica la impulsividad en la conducción. De hecho, un elemento que diferencia la adultez de la niñez y la adolescencia, es precisamente el desarrollo de una progresiva capacidad de postergar la gratificación inmediata en las decisiones que tomamos.

Aún considerando los cambios en el desarrollo, no podemos escapar al necesario esfuerzo cuando queremos mirar más allá de lo inmediato en nuestras decisiones. Este esfuerzo puede facilitarse con un ordenamiento en nuestras deliberaciones frente a temas de gran valor para nosotros. También nos beneficiamos del silencio, una pausa en el ir y venir de nuestra cotidianidad, suficiente como para situar nuestra atención en las consecuencias menos inmediatas en la forma como podríamos conducirnos.

Vemos pues, que pensar en este tema, las decisiones, nos presenta varias aristas. No es mi pretensión agotar el tema con lo aquí descrito; solo son apuntes que elegí no del todo racionalmente, sino seguramente guiado por la gratificación inmediata que me brinda dejar discurrir mis pensamientos alrededor de este tema.

Alexander Ibarra Flores

@ibarralexander

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Sobre mí

Consultor en evaluación psicológica, psicoterapeuta y profesor universitario en las áreas de: metodología, análisis de datos, psicometría y evaluación psicológica.

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